Don Alejandro Robaina: El padrino del tabaco cubano
Hay hombres de los que se habla poco pero sin los cuales no podríamos disfrutar de nuestros preciados puros. Nos referimos, por supuesto, a los productores de tabaco premium. Entre ellos, un hombre destacó por encima de todos y marcó con su huella la historia del tabaco cubano. Se trata de Alejandro Robaina. Cultivador excepcional, este hombre pasó más de ochenta años produciendo lo que muchos expertos consideran el mejor tabaco del mundo. Apodado el «padrino del tabaco cubano», es además el único productor de tabaco que ha dado su nombre a una marca de puros.
Un legado familiar
Nacido en 1919 en Alquizar, una pequeña municipalidad de la provincia cubana de Artemisa, Alejandro Robaina pasó la mayor parte de su vida en las plantaciones de la provincia de Pinar del Rio. Hijo del célebre productor de tabaco Maruto Robaina, creció en una familia de cultivadores asentada en la región de Vuelta Abajo desde 1845. A los diez años, comenzó a trabajar en las plantaciones de su padre, apenas un año después de haber fumado su primer puro. No fue hasta 1951, con la muerte de Maruto, cuando Alejandro tomó las riendas de la empresa familiar. Hasta la Revolución cubana, siguió vendiendo sus existencias de tabaco a intermediarios estadounidenses. Desde el principio, Alejandro destacó por su pericia y su sentido de los negocios. En 1959, cuando la mayoría de las plantaciones cubanas se transformaron en cooperativas, obtuvo del gobierno cubano el permiso para conservar la propiedad de sus tierras. En una entrevista concedida a la revista Cigar Aficionado en 2006[1], declaró así haberle dicho a Fidel Castro que no le gustaban las granjas estatales y que «la mejor forma de cultivar tabaco era la producción familiar».
[1] La leyenda del puro cubano, Alejandro Robaina, de James Suckling, Cigar Aficionado, julio/agosto de 2006.
Un cultivador excepcional
Gracias al saber hacer heredado de sus antepasados y a su pasión por el tabaco, Alejandro Robaina se distinguió rápidamente como uno de los mejores cultivadores de Cuba. Especializado en el cultivo de las hojas de capa, cultiva más de 16 hectáreas de tierra en la célebre plantación «Finca el Pinar» situada en Cuchillas de Barbacoa, en el municipio de San Juan y Martínez. Su tabaco se encuentra así en numerosos puros de alta gama, como el Hoyo de Monterrey Epicure Especial y el Cohiba Espléndidos.
Además de haber sido elegido «mejor productor de tabaco de Cuba» por el gobierno cubano, Robaina era uno de los cultivadores de tabaco más productivos de su generación. En condiciones normales, era capaz de obtener un rendimiento comprendido entre 82% y 68%, mientras que la mayoría de los agricultores se conformaba con rendimientos comprendidos entre 10% y 20%. A modo de información, el rendimiento corresponde al número de hojas de tabaco cosechadas y secadas que cumplen las normas de calidad superior requeridas para la elaboración de puros de alta gama.
Según sus palabras, el peor rendimiento que jamás conoció fue del 36 %. Aquel año, las desastrosas condiciones climáticas provocaron un nivel de humedad excesivo en los graneros y una gran parte de la cosecha fue destruida. Sin embargo, incluso con un rendimiento de solo el 36 %, Robaina superó con creces la producción de los demás cultivadores de su región. Ese mismo año, la mayoría de los productores de tabaco cubanos no alcanzaron, de hecho, más que un rendimiento comprendido entre el 0,8 % y el 4 %.
A pesar de sus resultados especialmente favorables, Alejandro Robaina nunca basó la calidad de su trabajo en su tasa de rendimiento. Para él, lo más importante es la calidad de las hojas de tabaco producidas. Así explica que, a diferencia de lo que piensan muchos productores, las mejores semillas no son necesariamente las más rentables. Según él, «mucho y bien no van juntos». Aunque había sido uno de los primeros productores en cultivar la variedad Habanos 2000, fue abandonando progresivamente esa semilla en favor de las variedades Criollo 98 y Corojo 99, que considera de mucha mejor calidad. En la entrevista concedida a la revista Cigar Aficionado en 2006, declaraba también haber deseado replantar la antigua variedad de Corojo tradicional, que según él era «el mejor tabaco de relleno del mercado», a pesar de su bajo rendimiento. En 1997, la empresa estatal Habanos S.A. honró el trabajo de Alejandro creando la marca de puros Vegas Robaina. Se trata de la única marca de puro cubana que lleva el nombre de un cultivador.
El amor por la tierra
Según Robaina, el éxito de sus plantaciones se explica por dos razones principales: el trabajo en familia y el amor por la tierra. Ferviente defensor del cultivo independiente, considera que trabajar en familia permite perpetuar las tradiciones y el saber hacer ancestral. Mientras que numerosos productores utilizan pesticidas para proteger sus cultivos de enfermedades como la pata negra, Robaina prepara sus tierras con esmero y sigue aplicando técnicas ancestrales como el salado de los campos después de un período de fuertes lluvias o la fertilización de los suelos con cacahuetes molidos. También utiliza únicamente plantones ecológicos y abonos orgánicos.
No obstante, el agricultor sabe que ciertas técnicas contemporáneas merecen ser tenidas en cuenta. En las plantaciones de Cuchillas de Barbacoa, lo antiguo convive así con lo moderno. Junto a las estructuras rudimentarias y los arados de bueyes se instalan infraestructuras más modernas, como los graneros de curado controlado y el riego por goteo. Robaina utiliza también un instrumento de precisión comprado en Japón que permite medir la madurez de las hojas e indicar si el suelo carece de nutrientes.
El futuro de las plantaciones Robaina
En 2010, Alejandro Robaina falleció de un cáncer. Pero su muerte no marca el fin del tabaco Robaina. Ya a principios de los años 90, designó a su nieto Hiroshi como sucesor para garantizar la continuidad del legado familiar. Elegido por su ética de trabajo, Hiroshi trabajó en las fábricas Partagas y H. Upmann antes de unirse a su abuelo en las plantaciones familiares. Hoy, Hiroshi asume la gestión de las plantaciones con la ayuda de su padre.
En septiembre de 2022, el huracán Ian destruyó la totalidad de los secaderos de la explotación Robaina. Ante este desastre sin precedentes, Hiroshi admite haber pensado en convertir sus tierras para producir allí judías y verduras. Pero la pasión por el tabaco y la voluntad de mantener una tradición familiar que se remonta a más de un siglo le hicieron cambiar de idea. Solo se pudieron cultivar 2 hectáreas de plantaciones este año, de las 16 hectáreas que tiene la plantación. Pero estas pocas hectáreas dan testimonio de la pasión y la determinación que animan al heredero Robaina. También demuestran que la leyenda Robaina no está ni mucho menos a punto de apagarse.